Primer Congreso Internacional de Asnología

By: nievescorrea | 29 Jun 2018

Luego que Júpiter hubo tomado posesión del imperio del mundo y los mortales concurrieron en tropel a ofrecer incienso en sus altares, movido el dios de su piedad les prometió atender al deseo que ellos formasen. Los hombres pidieron el don de una eterna juventud sin pasar jamás al triste estado de la vejez. Júpiter encargó a un asno llevar este don inestimable; pero éste sintiéndose fatigado, se acercó a una fuente a refrescarse. La serpiente que la guardaba dio a entender al asno que para beber, era necesario que le cediese el tesoro que llevaba. El (*) animal no tuvo dificultad en cambiar por algunos sorbos de agua un licor mas precioso que el néctar. Desde entonces tienen las serpientes el privilegio de cambiar de piel y de volver a tomar toda la frescura y vigor de la juventud, al paso que los mortales están sujetos como antes a la vejez y a la muerte. (Diccionario Universal de Mitología o de la Fábula.dedicado a la Real Junta de Comercio de Cataluña por B.G.P. Imprenta José Tauló, Barcelona, 1835).

(*) He omitido en esta cita la palabra estúpido en relación al asno; en el texto original textualmente se lee: “El estúpido animal no tuvo dificultad …”, porque ese adjetivo tan infame no es sino un epíteto sangrante que se aplica desde nuestra  construcción colonialista de la historia, con el ser humano, y concretamente el hombre, masculino, blanco y singular; como medida de todas las cosas. Con toda sinceridad, no he sido capaz de ser fiel al texto original, hay cosas que me superan.

Un asno es un asno y en su singularidad hay que entender sus necesidades y sus anhelos. Desde nuestro, o mejor, desde mi punto de vista, que no es mas que uno entre miles de millones de puntos de vista; al asno de la historia se le puede tachar de poco digno de confianza, de una cierta laxitud respecto a los objetivos que se esperan de su trabajo, incluso de una enorme falta de visión comercial puesto que podría haber cambiado la mercancía que transportaba por algo mas valioso que unos tragos de agua, aunque el valor es siempre algo relativo y quien soy yo para juzgar lo que un asno considera fundamental y prioritario.

Pero de ninguna manera se puede adjetivar al asno como estúpido puesto que a él el portentoso tesoro que transportaba no le iba a reportar beneficio alguno mas allá, si acaso, aunque de esto tampoco podemos estar seguros; de la eterna, o pasajera, gratitud de los hombres.

El elixir de la eterna juventud estaba diseñado por Júpiter para los hombres y en el relato no queda claro si a las mujeres el don de la eterna juventud no les interesaba lo mas mínimo, no era su deseo explicito  y por lo tanto no están conscientemente presentes o simplemente fueron excluidas por razones  que tienen que ver con la diversidad de la experiencia sexual de los varones. Finalmente estar eternamente atado a la misma jovencita puede ser la experiencia mas aburrida del mundo. También es posible que el lobby de los cirujanos plásticos advirtiera a Júpiter sobre las trágicas consecuencias económicas de esta medida para los bolsillos de su nieto Esculapio.

Es mas que probable además que la pócima no tuviera efecto alguno en los asnos, de hecho en la fábula solo se habla de efectos en los mortales machos  y serpientes, lo cual no deja de ser un paradoja puesto que ambos son mortales independientemente de los liftings y cambios de piel.

En cualquier caso la pócima mágica preparada por los dioses  no hubiera mitigado probablemente la sed del asno puesto que el texto se refiere a ésta como “un licor mas precioso que el néctar”, lo que  parece concederle unas propiedades organolépticas mas cercanas a un licor de orujo cabezón que a una botella de Vichy Catalán.

Llegados a este punto,  a que descerebrada deidad se le ocurre encomendar tan delicada y compleja tarea a nadie sin proveerle al menos de unos medios básicos de subsistencia. No vamos a llegar tan lejos como para reclamar unos honorarios o una relación laboral, ya sabemos que el debate sobre el estatuto asnal lleva en el limbo desde antes de que Júpiter tomara posesión de su imperio; pero que menos que pagar dietas y gastos de viaje al pollino.

Pero claro, el dios del trueno no es tonto aunque se haga el tonto; pagar a 0,19 céntimos de dracma el kilometro de burro desde el Olimpo de los Dioses hasta la remota guarida de los hombres le hubiera salido por un pico, si a esto añadimos además dietas para heno fresco, paja y agua más incontables pernoctas en establos, Júpiter probablemente se hubiera pensado dos veces conceder la fuente de la eterna juventud a los mortales.

Lo que más me sorprende de esta historia es la falta de un castigo o al menos de una reprimenda por parte de El Tonante. Poco debía importarle, y menos costarle, a éste el precioso licor que encomendó al burro o quizás lo que no le importaba en absoluto era el genero masculino de la raza humana. Una vez puesta en camino la mercancía, que acabara ésta en el estomago de un hombre, de una serpiente o incluso del propio asno debía traerle al pairo.​

Y que puedo decir de la serpiente, que “dio a entender” al asno que para beber era necesario que le cediese el tesoro que llevaba, más que alabar su espíritu comercial e iniciativa emprendedora. Debería ser éste el animal totémico, símbolo y marca de la “demanda manufacturada” a la que se adelantó miles de años.  Hay que tener en cuenta que no fue hasta los años setenta del siglo pasado cuando se empezó a comercializar agua embotellada común a raíz de que las grandes compañías de refrescos se dieron cuenta de que sus ventas se estancaban. ¿O quizás sea la misma serpiente la dueña de este monopolio?, no estoy segura si el don de la eterna juventud va aparejado al de la inmortalidad.